martes, 5 de julio de 2011

Berlin

Por Javier Ágreda

El tema de la violencia política de las décadas pasadas fue dominante entre los llamados poetas de los noventa; pero pocos lograron desarrollar una poética propia y original a partir de esa temática. Victoria Guerrero (Lima, 1971) lo consiguió poco a poco, continuando la labor de las poetas de la generación anterior (la agresiva reflexión sobre el cuerpo) llevándola más allá del erotismo y la reivindicación de lo femenino. Desde su primer poemario De este reino (1993) hasta Ya nadie incendia el mundo (2005), según el crítico Ricardo González Vigil “uno de los poemarios más admirables de las letras hispanoamericanas últimas”. En su quinto poemario, Berlin (Intermezzo Tropical, 2011), Guerrero amplía su propuesta poética para hacerla trascender las fronteras geográficas y generacionales.

La primera mitad del libro está constituida por el extenso poema “La división de los aliados”, que cuenta la historia de una pareja de esposos mezclando desordenadamente los escenarios limeños con los de diversas ciudades norteamericanas (el mercado Central es a la vez un Hymarket). Casi treinta páginas que remiten inevitablemente a los extensos poemas de Ya nadie incendia… (“Nacimiento y caída”, “Sacrificio”) no solo por la estructura narrativa sino también por los recursos retóricos y la angustiante atmósfera de violencia: “el trágico ulular de ambulancias inútiles”, “viendo mi cadáver… flotando río abajo / arrastrado / hacia sucios mares del desierto del Perú…”.

En la segunda mitad (los poemas “El muro / Die Mauer” y “Zona de Okupación”) la fusión de los diversos escenarios está mucho mejor lograda: Lima y su “pequeña muralla” (que en alguna época limitó al distrito de “Cercado”) es asimilada a la ciudad de Berlín de posguerra y su famoso muro. La división más que política resulta económica, pues esos muros en realidad separan a los ricos de los pobres. En el caso de Lima, se trata de una frontera entre los migrantes andinos que llegan a la ciudad y los mestizos afincados aquí por generaciones: “El rezago del esplendor limeño encerrado en los bordes de / un mundo inesperado…”.

En la descripción de los agresivos paisajes urbanos aparece la figura del poeta Juan Ramírez Ruiz (1946-2007), uno de los fundadores del grupo poético Hora Zero e iniciador de toda una tradición al respecto: “aparentemente toda una vida me separa de JRR / pero ambos nos hemos dirigido repetidamente de norte a sur o de sur a norte…”. Así, el Alexanderplatz está al lado de nuestra Vía Expresa y las bombas que estallan en ese Berlín resuenan en la Lima de los años 90: “El amor ya no es una cosa de esta era / viene una bomba y lo destruye /… y queda más feo y chamuscado que nunca”.

La propuesta, que en algunas páginas de Berlin resulta demasiado explícita y reiterativa (las recurrentes imágenes de los ríos llenos de cadáveres o de los cuerpos lacerados) es denunciar la violencia política tan frecuente en estos tiempos. Incluso se explica en los versos finales de “El ciclista”: “Este poema lo escribí para el que todavía sueña/… para todo aquel que se rebela contra los asesinos del mundo”.

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Reseña en el blog de Javier Agreda

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